Acerca de Mr. Prado
Amena autobiografía
Nací despistado pues lo cierto es que no lo recuerdo. Me dijeron que era viernes por la mañana de un agradable aunque ya caluroso mes de junio en Sevilla (España). Lo del viernes no fue casualidad; ya se sabe que nacer en lunes es cuanto menos, desagradable: ¿qué mejor que tomarse un fin de semana para irse adaptando a ese lugar que me acogería el resto de mi vida?
Siempre fui un chico tímido, reservado y reflexivo. Mi madre no ha conseguido aún que coma bien pero duermo como los ángeles y del resto se ocupa ella, guardiana en silencio de la salud de su retoño. Ella mola mucho: es sencilla, tranquila y sabe escuchar.
Como mis papis no me dieron un hermano hasta mis cinco añitos, me dedicaba a trastear con mi bombo lleno de muñecos, mi barco pirata y mi alfombra de dibujos. Con mis abuelos aprendí a jugar al ajedrez y a las cartas y también me fui aficionando a las retransmisiones deportivas con el deporte rey como estrella. Cuando tuve un poco de auto-consciencia dejé de prestarle tanta atención al fútbol pero el deporte en general será para los restos otra de mis debilidades.
Cuando llegó, mi hermano era demasiado pequeño: nuestra diferencia de edad siempre fue una barrera social, no me entendía y no jugábamos tanto -y cómo- yo quería. Ahora (ya tocaba) parece que empezamos a entendernos. Él es un tipo grande en todos los sentidos y en todas las facetas.
Por fín comencé a ir al cole, aprendí a leer y a escribir, a sumar y a multiplicar. Como era un alumno aplicado, delegado de la clase y a menudo terminaba antes que mis compañeros, el maestro me tomaba como conejillo de indias para diversas tareas poco ortodoxas: desde mensajero de profesores hasta improvisado electricista acudiendo al cuadro de luces a subir los plomos a su sitio cuando se iba la luz, pasando como no, por jardinero a tiempo parcial mientras le recogía profe una estimable cantidad de aguacates caídos del árbol del patio. Lo que se dice un mandao. Un primo, vaya.
Mientras mi padre, referente claro y luz continua durante toda mi vida, se esmeraba en hacerme una persona culta y con inquietudes, mis habilidades deportivas y manuales dejaban mucho que desear. Pasé por natación, taekwondo (duré un solo día), manualidades y futbito, por supuesto sin éxito en ninguna de estas disciplinas. Por fin me apunté a balonmano donde entre la falta de tradición, de competidores y la cantidad de años que le eché -hasta mi ingreso en la Universidad-, llegó un día donde conseguí jugar competiciones semi-decentes pasando incluso por la selección de mi ya mencionada ciudad. Estos años aprendí otro puñado de valores que me formaron enormemente como persona: esfuerzo, trabajo en equipo, compañerismo y sacrificio, además de alimentar mi ambición por ganar (sabiendo perder o casi) y arreglar esa descordinación severa que traía de fábrica tomando una buena forma física y un peso aceptable.
El instituto ya era un lugar muy importante así que decidí tomármelo en serio. De allí salieron los que hoy son mis amigos y un arsenal de frustraciones amorosas. En aquellas clases empecé a madurar y definirme intelectual y espiritualmente. Parecía que las cosas iban a su sitio: me hice grande, fuerte y apuesto (o casi, otra vez), académicamente correcto y con la cabeza más o menos sobre los hombros.
Poco a poco la timidez pasó de extrema a moderada y entraron en mi vida nuevas aficiones antes desconocidas: cine, fotografía, filosofía, historia, viajar ...
Tras mucho dudar, informarme y con poca vocación pura, decidí entrar en la hermosa titulación de Ingeniería de Telecomunicación. A mi me gustaba lo que hacía mi padre: realización, cámara, montaje ... el mundo técnico pero a la vez creativo de la tele. Él me recomendó que ya que se me daban tan bien las mates me metiera en esa carrera que era lo mismo que él hacía pero a lo grande. Hoy, sigo dentro haciendo integrales como un chino, acórdandome de Fourier a menudo y pensando en C, JAVA o ensamblador, dependiendo del día.
Después de pasarlo realmente mal el primer año -más por el gran cambio que por los resultados- ya lo sobrellevo, fruto de la madurez que dan los años y de la rutina que dan los suspensos. Hice un coqueto pero estupendo grupillo decompañeros amigos que merecen mucho la pena. La carrera aunque fea a menudo tiene su aquél y sobre todo me descubrió que lo mío era programar, pero ya estaba allí dentro. Como todo, sacarla es cuestión de esfuerzo, paciencia y tiempo, valores que no se estilan mucho en nuestra sociedad actual de aquí y ahora.
Tras cuatro años en Sevilla pedí y tuve la suerte de ser el primer titular de una SICUE/Séneca a la UPV de Valencia así que allí lo pasé, lejos (pero no tanto) de casa, aprendiendo un poco y cambiando de aires viviendo con 3 estudiantes Erasmus la mar de majos. Sin duda fue un gran experiencia en la que lo pasé genial, conocí a un montón de gente y aprendí mucho. Valencia es una ciudad estupenda para vivir y no tendré ninguna duda si algún día me surge la posibilidad de volver a hacerlo.
Como le había cogido el gustillo a eso de estar fuera, soy un tipo de esos que se enteran de todo (o casi, tercera vez), me da igual 8 que 80 y encima tengo la suerte de mi lado, me tocó otro premio en la tómbola de becas: una Doble Titulación en el Politécnico de Milán para hacer un Master (realmente lo que correspondería en España a 4º y 5º cursos) en Computer Engineering. Como dije hace un rato, por momentos me planteé si realmente debería haber sido informático. Ea, pues aquí la llevas. Dos años y en inglés, oiga.
Así que aquí ando. De Milán y de Italia no cuento mucho porque llevo poco aquí y no tengo demasiado tiempo para explorar, tengo bastante faena con la pamplina de la Doble. Que el tiempo es gris, la ciudad grande y los italianos fuman mucho. No es Valencia ni mi tierra, Andalucía, pero bueno, tampoco está tan mal.
El cómo llegué aquí también tiene su historia. Tras probar los encantos del tito Bill y del horroroso fotolog, un día descubrí Blogger y me hice una bitácora que hablaba de todo y de nada. Después me busqué el dominio para hacerme un nombre y poco a poco fui aprendiendo las cosquillas y triquiñuelas de ese arte que es bloguear, englobado dentro de otra de mis pasiones/adicciones: Internet.
Un día pensé que estaría bien escribir una autobiografía que ilustrarara a mis lectores sobre quién es el capullo creador de lo que leen. Y aquí estoy.
Inventaron una fenómeno llamado microblogging y una plataforma llamada Twitter y como otros muchos inventos tecnológicos/sociales, lo probé. Consite en responder en pocos carácteres a la pregunta What are you doing? (aunque posteriormente cambió a What's happening?) y mostrarla al mundo, interactuando con él. Así que mi vida sigue aproximadamente a tiempo real:
Siempre fui un chico tímido, reservado y reflexivo. Mi madre no ha conseguido aún que coma bien pero duermo como los ángeles y del resto se ocupa ella, guardiana en silencio de la salud de su retoño. Ella mola mucho: es sencilla, tranquila y sabe escuchar.
Como mis papis no me dieron un hermano hasta mis cinco añitos, me dedicaba a trastear con mi bombo lleno de muñecos, mi barco pirata y mi alfombra de dibujos. Con mis abuelos aprendí a jugar al ajedrez y a las cartas y también me fui aficionando a las retransmisiones deportivas con el deporte rey como estrella. Cuando tuve un poco de auto-consciencia dejé de prestarle tanta atención al fútbol pero el deporte en general será para los restos otra de mis debilidades.
Cuando llegó, mi hermano era demasiado pequeño: nuestra diferencia de edad siempre fue una barrera social, no me entendía y no jugábamos tanto -y cómo- yo quería. Ahora (ya tocaba) parece que empezamos a entendernos. Él es un tipo grande en todos los sentidos y en todas las facetas.
Por fín comencé a ir al cole, aprendí a leer y a escribir, a sumar y a multiplicar. Como era un alumno aplicado, delegado de la clase y a menudo terminaba antes que mis compañeros, el maestro me tomaba como conejillo de indias para diversas tareas poco ortodoxas: desde mensajero de profesores hasta improvisado electricista acudiendo al cuadro de luces a subir los plomos a su sitio cuando se iba la luz, pasando como no, por jardinero a tiempo parcial mientras le recogía profe una estimable cantidad de aguacates caídos del árbol del patio. Lo que se dice un mandao. Un primo, vaya.
Mientras mi padre, referente claro y luz continua durante toda mi vida, se esmeraba en hacerme una persona culta y con inquietudes, mis habilidades deportivas y manuales dejaban mucho que desear. Pasé por natación, taekwondo (duré un solo día), manualidades y futbito, por supuesto sin éxito en ninguna de estas disciplinas. Por fin me apunté a balonmano donde entre la falta de tradición, de competidores y la cantidad de años que le eché -hasta mi ingreso en la Universidad-, llegó un día donde conseguí jugar competiciones semi-decentes pasando incluso por la selección de mi ya mencionada ciudad. Estos años aprendí otro puñado de valores que me formaron enormemente como persona: esfuerzo, trabajo en equipo, compañerismo y sacrificio, además de alimentar mi ambición por ganar (sabiendo perder o casi) y arreglar esa descordinación severa que traía de fábrica tomando una buena forma física y un peso aceptable.
El instituto ya era un lugar muy importante así que decidí tomármelo en serio. De allí salieron los que hoy son mis amigos y un arsenal de frustraciones amorosas. En aquellas clases empecé a madurar y definirme intelectual y espiritualmente. Parecía que las cosas iban a su sitio: me hice grande, fuerte y apuesto (o casi, otra vez), académicamente correcto y con la cabeza más o menos sobre los hombros.
Poco a poco la timidez pasó de extrema a moderada y entraron en mi vida nuevas aficiones antes desconocidas: cine, fotografía, filosofía, historia, viajar ...
Tras mucho dudar, informarme y con poca vocación pura, decidí entrar en la hermosa titulación de Ingeniería de Telecomunicación. A mi me gustaba lo que hacía mi padre: realización, cámara, montaje ... el mundo técnico pero a la vez creativo de la tele. Él me recomendó que ya que se me daban tan bien las mates me metiera en esa carrera que era lo mismo que él hacía pero a lo grande. Hoy, sigo dentro haciendo integrales como un chino, acórdandome de Fourier a menudo y pensando en C, JAVA o ensamblador, dependiendo del día.
Después de pasarlo realmente mal el primer año -más por el gran cambio que por los resultados- ya lo sobrellevo, fruto de la madurez que dan los años y de la rutina que dan los suspensos. Hice un coqueto pero estupendo grupillo de
Tras cuatro años en Sevilla pedí y tuve la suerte de ser el primer titular de una SICUE/Séneca a la UPV de Valencia así que allí lo pasé, lejos (pero no tanto) de casa, aprendiendo un poco y cambiando de aires viviendo con 3 estudiantes Erasmus la mar de majos. Sin duda fue un gran experiencia en la que lo pasé genial, conocí a un montón de gente y aprendí mucho. Valencia es una ciudad estupenda para vivir y no tendré ninguna duda si algún día me surge la posibilidad de volver a hacerlo.
Como le había cogido el gustillo a eso de estar fuera, soy un tipo de esos que se enteran de todo (o casi, tercera vez), me da igual 8 que 80 y encima tengo la suerte de mi lado, me tocó otro premio en la tómbola de becas: una Doble Titulación en el Politécnico de Milán para hacer un Master (realmente lo que correspondería en España a 4º y 5º cursos) en Computer Engineering. Como dije hace un rato, por momentos me planteé si realmente debería haber sido informático. Ea, pues aquí la llevas. Dos años y en inglés, oiga.
Así que aquí ando. De Milán y de Italia no cuento mucho porque llevo poco aquí y no tengo demasiado tiempo para explorar, tengo bastante faena con la pamplina de la Doble. Que el tiempo es gris, la ciudad grande y los italianos fuman mucho. No es Valencia ni mi tierra, Andalucía, pero bueno, tampoco está tan mal.
El cómo llegué aquí también tiene su historia. Tras probar los encantos del tito Bill y del horroroso fotolog, un día descubrí Blogger y me hice una bitácora que hablaba de todo y de nada. Después me busqué el dominio para hacerme un nombre y poco a poco fui aprendiendo las cosquillas y triquiñuelas de ese arte que es bloguear, englobado dentro de otra de mis pasiones/adicciones: Internet.
Un día pensé que estaría bien escribir una autobiografía que ilustrarara a mis lectores sobre quién es el capullo creador de lo que leen. Y aquí estoy.
Inventaron una fenómeno llamado microblogging y una plataforma llamada Twitter y como otros muchos inventos tecnológicos/sociales, lo probé. Consite en responder en pocos carácteres a la pregunta What are you doing? (aunque posteriormente cambió a What's happening?) y mostrarla al mundo, interactuando con él. Así que mi vida sigue aproximadamente a tiempo real:
Gracias por llegar hasta aquí y mostrar interés. Para cualquier cosa, he aquí algunos medios para contactar conmigo.

Actualizado por última vez: 14 de noviembre de 2010.














