Con la revelación de los 250.000 documentos del Gobierno estadounidense por parte de Wikileaks estamos viviendo un momento histórico. Un suceso extraordinariamente importante que, esperemos, sea un punto de inflexión en la política mundial.
Después de leer mucho sobre el tema, creo que aún no somos conscientes de su magnitud. Por poner un poco al día a los más rezagados, un breve resumen. Wikileaks es una organización que ha creado una enorme plataforma virtual, una red enorme y cifrada donde es posible enviar documentos confidenciales de forma anónima. Cualquiera puede hacerlo. Y el objetivo de hacer públicos todos estas filtraciones (de ahí el termino leaks) no es otro que airear la corrupción, la vulneración de las libertades, de los derechos humanos y de cualquier comportamiento anti-democrático en el seno de los gobiernos. De mostrar la VERDAD.
Por primera vez, la tecnología al servicio de la verdad y no de la guerra.
No pretendo indagar en cada uno de las causas o filtraciones que se van haciendo públicas estos días en los cinco periódicos que ofrecen la “exclusiva” (The New York Times, The Guardian, Le Monde, Die Spiegel y
El País). De las víctimas inocentes, las mentiras de guerra, o las presiones políticas que permiten a los EEUU manejar a su antojo a la mayoría de países del globo. Ahí mucha más información ahí fuera. Pueden consultarla.
Lo que quiero resaltar es, nuevamente, la fuerza de la libertad. Las narices que un grupo de gente le está echando a la mayor potencia mundial al poner en evidencia todos sus sistemas. De cómo gente buena dentro del sistema se ha ido sumando a enviar material. Y de la manera en que internet está jugando un papel vital en esta historia, que no se concebiría sin su existencia.
No somos nosotros los que tenemos que estar asustados de ellos. No deberíamos ser nosotros las criaturas controladas de este Gran Hermano gigante que EEUU mueve a su antojo: tú dentro, tú fuera. Deberíamos ser nosotros los que vigilamos y los que castigamos. El sistema tiene que cambiar: no es tolerable una democracia dónde los políticos teman el hecho de que la verdad sea conocida. La verdad tiene que ser, por definición, pública y transparente y los que tienen que estar asustados son aquéllos a los que se le pase mínimamente por la cabeza ocultar cualquier dato o hecho de relevancia pública.
Sólo el día en que TODOS los datos y decisiones sean públicos y abiertas podremos acercanos a ello. Y eso no ocurrirá hasta que no formemos personas críticas y honestas: el verdadero germen del problema.
A pesar de que aún queda mucho por recorrer e internet a muchos sitios por llegar, la red de redes y la difusión de información nos ayuda a hacer este mundo un poquito más libre, más accesible, más justo y más igualitario. Más distribuido y más difícil de controlar. No podemos ceder en absoluto a que el concepto de red que hoy conocemos en nuestro país cambie: la censura en China y otros tantos países ha de acabar al igual que el control de la información. Gracias a la naturaleza de internet esto cada vez es más complicado de parar y los gobiernos lo saben. Cuestionar la famosa neutralidad de la red de la que ahora tanto se habla no es sino otra excusa de control y no podemos tolerarlo. Los bits deben ser idénticos y todo lo que sea jugar con su prioridad es alterar la información y dar la oportunidad a ocultar la verdad, a favorecer los intereses comerciales y de los lobbies y a tender a una sociedad aún más corrupta. Inaceptable.
Creo que estamos en un momento crítico. De esos en los que la pelota, encima del tejado, puede caer de un lado o del otro. La humanidad se juega mucho. Hay que pelear contra viento y marea a favor de las libertades, de todas. Es necesario formar ciudadanos, tumbar el sistema, tirar las marionetas y abrir el telón. Que nadie se esconda. La democracia real nunca ha estado tan cerca. Internet, la tecnología y sobre todo el pueblo, tiene la llave. No dejemos que nos la quiten, el futuro de la sociedad depende de ello.
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Enlaces de obligada lectura sobre Wikileaks y la revelación de documentos: