Acerca de Mr. Prado: Amena autobiografía
domingo 17 de junio de 2007
Acerca de Mr. Prado
Amena autobiografía
Nací despistado pues lo cierto es que no lo recuerdo. Me dijeron que era viernes por la mañana de un agradable (aunque ya caluroso) mes de junio en Sevilla. Lo del viernes no fue casualidad; ya se sabe que nacer en lunes es cuanto menos, desagradable: ¿qué mejor que tomarse un fin de semana para irse adaptando a ese lugar que me acogería el resto de mi vida?
Siempre fui un chico tímido, reservado y reflexivo. Mi madre no ha conseguido aún que coma bien pero duermo como los ángeles y del resto se ocupa ella, guardiana en silencio de la salud de su retoño.
Como mis papis no me dieron un hermano hasta mis cinco añitos me dedicaba a trastear con mi bombo lleno de muñecos, mi barco pirata y mi alfombra de dibujos. Con mis abuelos aprendí a jugar al ajedrez y a las cartas y también me fui aficionando a las retransmisiones deportivas con el deporte rey como estrella. Cuando tuve un poco de auto-consciencia dejé de prestarle tanta atención al fútbol pero el deporte en general será para los restos otra de mis debilidades.
Mi hermano era demasiado pequeño: nuestra diferencia de edad siempre fue una barrera social, no me entendía y no jugábamos tanto -y cómo- yo quería. Ahora (ya tocaba) parece que empezamos a entendernos.
Por fín comencé a ir al cole, aprendí a leer y a escribir, a sumar y a multiplicar. Como era un alumno aplicado, delegado de la clase y a menudo terminaba antes que mis compañeros, el maestro me tomaba como conejillo de indias para diversos "trabajos": desde mensajero entre profesores hasta electricista yendo al cuadro de luces a subir los plomos a su sitio cada vez que se iba la luz, pasando como no, por jardinero/frutero al recogerle al profe una estimable cantidad de aguacates caídos del árbol del patio.
Mientras mi padre se esmeraba en hacerme una persona culta y con inquietudes, mis habilidades deportivas y manuales dejaban mucho que desear. Pasé por natación, taekwondo (duré un solo día), manualidades y futbito, por supuesto sin éxito en ninguna de estas modalidades. Por fin me apunté a balonmano donde entre la falta de tradición, de competidores y la cantidad de años que le eché (hasta mi ingreso en la Universidad), llegó un día donde conseguí jugar competiciones semi-decentes pasando incluso por la selección de mi ya mencionada ciudad. Estos años aprendí otro puñado de valores que me formaron enormemente como persona: esfuerzo, trabajo en equipo, compañerismo y sacrificio, además de alimentar mi ambición por ganar (sabiendo perder o casi) y arreglar esa descordinación severa que traía de fábrica tomando una buena forma física y un peso aceptable.
El instituto ya era un lugar muy importante así que decidí tomármelo en serio. De allí salieron los que hoy son mis amigos (en mayúsculas) y un arsenal de frustraciones amorosas. En aquellas clases empecé a madurar y definirme intelectual y espiritualmente: lo mío era en las Ciencias así que seguí ese camino. Parecía que las cosas iban a su sitio: me hice grande, fuerte y apuesto (sí bueno ...), académicamente correcto y con la cabeza digamos que aproximadamente centrada y amueblada.
Poco a poco la timidez pasó de extrema a moderada y entraron en mi vida nuevas aficiones antes desconocidas: cine, fotografía, filosofía, historia, viajes ...
Tras mucho dudar, informarme y con poca vocación pura, decidí entrar en la hermosa titulación de Ingeniería de Telecomunicación. A mi me gustaba lo que hacía mi padre: realización, cámara, montaje ... el mundo técnico pero a la vez creativo de la tele. Él me recomendó que ya que se me daban tan bien las mates me metiera en esa carrera que era lo mismo que él hacía pero a lo grande. Hoy, sigo dentro haciendo integrales como un chino, acórdandome de Fourier a menudo y pensando en C, JAVA o ensamblador, dependiendo del día.
Después de pasarlo realmente mal el primer año ya lo sobrellevo, fruto de la madurez que dan los años y de la rutina que dan los suspensos. Hice un reducido pero estupendo grupillo de compañeros/amigos que merecen mucho la pena y me acompañan -a ratos- durante la inmensa cantidad de horas que paso en la facultad. La carrera aunque fea a menudo tiene su aquél y sobre todo me descubrió que lo mío era programar, pero ya estaba allí dentro. Como todo, sacarla es cuestión de tiempo, paciencia y esfuerzo, valores que no se estilan mucho en nuestra sociedad actual.
Durante el curso pasado pedí y tuve la suerte de ser el primer titular de una SICUE/Séneca a la UPV de Valencia así que aquí estoy este año, lejos (pero no tanto) de casa, aprendiendo un poco y cambiando de aires viviendo con 3 estudiantes Erasmus la mar de majos.
El cómo llegué aquí también tiene su historia. Tras probar los encantos del tito Bill y del horroroso fotolog, un día descubrí Blogger y me hice una bitácora que hablaba de todo y de nada. Después me busqué el dominio para hacerme un nombre y poco a poco fui aprendiendo las cosquillas y triquiñuelas de ese arte que es bloguear, englobado dentro de otra de mis pasiones/adicciones: Internet.
Un día pensé que estaría bien escribir una autobiografía que ilustrarara a mis lectores sobre quién es el capullo creador de lo que leen. Y aquí estoy.
Inventaron una fenómeno llamado microblogging y una plataforma llamada Twitter y como otros muchos inventos tecnológicos/sociales, lo probé. Consite en responder en pocos carácteres a la pregunta What are you doing? (aunque posteriormente cambió a What's happening?) y mostrarla al mundo, interactuando con él. Así que mi vida sigue aproximadamente a tiempo real:
Siempre fui un chico tímido, reservado y reflexivo. Mi madre no ha conseguido aún que coma bien pero duermo como los ángeles y del resto se ocupa ella, guardiana en silencio de la salud de su retoño.
Como mis papis no me dieron un hermano hasta mis cinco añitos me dedicaba a trastear con mi bombo lleno de muñecos, mi barco pirata y mi alfombra de dibujos. Con mis abuelos aprendí a jugar al ajedrez y a las cartas y también me fui aficionando a las retransmisiones deportivas con el deporte rey como estrella. Cuando tuve un poco de auto-consciencia dejé de prestarle tanta atención al fútbol pero el deporte en general será para los restos otra de mis debilidades.
Mi hermano era demasiado pequeño: nuestra diferencia de edad siempre fue una barrera social, no me entendía y no jugábamos tanto -y cómo- yo quería. Ahora (ya tocaba) parece que empezamos a entendernos.
Por fín comencé a ir al cole, aprendí a leer y a escribir, a sumar y a multiplicar. Como era un alumno aplicado, delegado de la clase y a menudo terminaba antes que mis compañeros, el maestro me tomaba como conejillo de indias para diversos "trabajos": desde mensajero entre profesores hasta electricista yendo al cuadro de luces a subir los plomos a su sitio cada vez que se iba la luz, pasando como no, por jardinero/frutero al recogerle al profe una estimable cantidad de aguacates caídos del árbol del patio.
Mientras mi padre se esmeraba en hacerme una persona culta y con inquietudes, mis habilidades deportivas y manuales dejaban mucho que desear. Pasé por natación, taekwondo (duré un solo día), manualidades y futbito, por supuesto sin éxito en ninguna de estas modalidades. Por fin me apunté a balonmano donde entre la falta de tradición, de competidores y la cantidad de años que le eché (hasta mi ingreso en la Universidad), llegó un día donde conseguí jugar competiciones semi-decentes pasando incluso por la selección de mi ya mencionada ciudad. Estos años aprendí otro puñado de valores que me formaron enormemente como persona: esfuerzo, trabajo en equipo, compañerismo y sacrificio, además de alimentar mi ambición por ganar (sabiendo perder o casi) y arreglar esa descordinación severa que traía de fábrica tomando una buena forma física y un peso aceptable.
El instituto ya era un lugar muy importante así que decidí tomármelo en serio. De allí salieron los que hoy son mis amigos (en mayúsculas) y un arsenal de frustraciones amorosas. En aquellas clases empecé a madurar y definirme intelectual y espiritualmente: lo mío era en las Ciencias así que seguí ese camino. Parecía que las cosas iban a su sitio: me hice grande, fuerte y apuesto (sí bueno ...), académicamente correcto y con la cabeza digamos que aproximadamente centrada y amueblada.
Poco a poco la timidez pasó de extrema a moderada y entraron en mi vida nuevas aficiones antes desconocidas: cine, fotografía, filosofía, historia, viajes ...
Tras mucho dudar, informarme y con poca vocación pura, decidí entrar en la hermosa titulación de Ingeniería de Telecomunicación. A mi me gustaba lo que hacía mi padre: realización, cámara, montaje ... el mundo técnico pero a la vez creativo de la tele. Él me recomendó que ya que se me daban tan bien las mates me metiera en esa carrera que era lo mismo que él hacía pero a lo grande. Hoy, sigo dentro haciendo integrales como un chino, acórdandome de Fourier a menudo y pensando en C, JAVA o ensamblador, dependiendo del día.
Después de pasarlo realmente mal el primer año ya lo sobrellevo, fruto de la madurez que dan los años y de la rutina que dan los suspensos. Hice un reducido pero estupendo grupillo de compañeros/amigos que merecen mucho la pena y me acompañan -a ratos- durante la inmensa cantidad de horas que paso en la facultad. La carrera aunque fea a menudo tiene su aquél y sobre todo me descubrió que lo mío era programar, pero ya estaba allí dentro. Como todo, sacarla es cuestión de tiempo, paciencia y esfuerzo, valores que no se estilan mucho en nuestra sociedad actual.
Durante el curso pasado pedí y tuve la suerte de ser el primer titular de una SICUE/Séneca a la UPV de Valencia así que aquí estoy este año, lejos (pero no tanto) de casa, aprendiendo un poco y cambiando de aires viviendo con 3 estudiantes Erasmus la mar de majos.
El cómo llegué aquí también tiene su historia. Tras probar los encantos del tito Bill y del horroroso fotolog, un día descubrí Blogger y me hice una bitácora que hablaba de todo y de nada. Después me busqué el dominio para hacerme un nombre y poco a poco fui aprendiendo las cosquillas y triquiñuelas de ese arte que es bloguear, englobado dentro de otra de mis pasiones/adicciones: Internet.
Un día pensé que estaría bien escribir una autobiografía que ilustrarara a mis lectores sobre quién es el capullo creador de lo que leen. Y aquí estoy.
Inventaron una fenómeno llamado microblogging y una plataforma llamada Twitter y como otros muchos inventos tecnológicos/sociales, lo probé. Consite en responder en pocos carácteres a la pregunta What are you doing? (aunque posteriormente cambió a What's happening?) y mostrarla al mundo, interactuando con él. Así que mi vida sigue aproximadamente a tiempo real:
Gracias por llegar hasta aquí y mostrar interés. Para cualquier cosa, he aquí algunos medios para contactar conmigo.

Actualizado por última vez: 10 de enero de 2010.











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Yo creo que lo tuyo es escribir.
No se si lo habías imaginao así antes de empezar a escribirla pero te ha quedao de lujo.
Como ya sabes: un placer poder leerte.
Un beso y un ay!
Con lectoras así da gusto seguir haciendo algo con lo que encima uno disfruta ^^
La autobiografía está resumidilla claro, pero creo que no ha quedado mal del todo y resume en buena parte las cosas más importantes (ya ves cuánto) que me han pasado en estos 21 añitos ;)
Una ayudita para poder conocer mas y mejor al señor ingeniero.
Un placer como siempre leerte!
Te veo bien, ¿qué andas leyendo?
Pues ahora mismo nada, disfrutando de estas vacaciones francesas en Montpellier.
Y a mi vuelta, me parece que "transmision de datos" :p
Un abrazo tío.
Me ha gustado tu presentación. Te acabo de encontrar y esto promete.
viejo escribir le sale bien jeje... felicidades.. ahi le dejo mi blog para que le eche un vistazo
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