Palabras
domingo, 22 de junio de 2008
Una palabra bien elegida puede economizar no sólo cien palabras sino cien pensamientos.
Henri Poincaré (1854-1912) Matemático francés.
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Recuperando una vieja entrada que se perdió en fotolog.
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El lenguaje estructura la mente, favorece el pensamiento y es el motor de toda sociabilización humana. Posibilita relaciones, expresa sentimientos, permite transmitir sensaciones que a menudo es imposible de hacer de cualquier otra manera...
La inteligencia lingüística es, sin duda, la más importante de todas. Más que la artística, que la geométrica, que la matemática, que la lógica.
Y no necesariamente por ser más compleja, sino simplemente por el hecho de que mientras que éstas se limitan a un ámbito en concreto y sólo pueden ser aplicadas a una pequeña parte de nuestros conocimientos y experiencias, la lingüística participa prácticamente en todas y cada una de las acciones de nuestra vida.
Ya los griegos en su día halagaban a los oradores, aquellos sabios que los dejaban asombrados sólo con su capacidades de palabra y convicción, apoyadas por supuesto por enormes conocimientos de cualquiera de las facetas de la vida. y la ciencia Y es que, aún seguimos igual. A los grandes cargos se les exige facilidad de palabra, dominio de las masas y capacidad de liderazgo. De igual manera ahí siguen los políticos, que al final y al cabo son los que dirigen el cotarro. Y es que aunque más de uno no sepa de qué habla (ojo, que no digo hablar) o repita siempre la misma cantinela, siempre aparecen un día sí y otro también el los telediarios, erosionando poco a poco las mentes del populacho, para el que por supuesto es mucho mejor no pensar -o eso pretenden ellos-. Mejor los griegos, dónde va a parar.
Por ello debemos cuidar el lenguaje. No hablo sólo de abreviaciones, tildes bien puestas o lenguaje coloquial. Eso es válido para determinadas circunstancias siempre y cuando tengamos claro lo que queremos decir, cómo queremos decirlo y cómo se dice.
Hablo de la capacidad de reflexión, de cohesionar ideas, de unir frases y conceptos, la capacidad de expresión. Que una persona nos entienda con una primera idea, que lo que queramos transmitir quede bien compacto y estructurado o que seamos capaces de transmitir un concepto de forma clara, son soluciones mucho mejores que cualquier abreviación y por supuesto, dicen mucho de nosotros como personas inteligentes.
Todos deberíamos escribir de vez en cuando cualquier cosa, algo que nos haga desarrollar nuestra habilidad redactora o la que es más importante, la pensadora. Porque una cabeza bien ordenada desarrolla ideas más elaboradas y brillantes, se comprende mejor a si misma, memoriza mejor los hechos y llega antes tanto a conclusiones como a "segmentos" perdidos, tal como un ordenador bien desfragmentado es capaz de hacer con sus datos.
La inteligencia lingüística es, sin duda, la más importante de todas. Más que la artística, que la geométrica, que la matemática, que la lógica.
Y no necesariamente por ser más compleja, sino simplemente por el hecho de que mientras que éstas se limitan a un ámbito en concreto y sólo pueden ser aplicadas a una pequeña parte de nuestros conocimientos y experiencias, la lingüística participa prácticamente en todas y cada una de las acciones de nuestra vida.
Ya los griegos en su día halagaban a los oradores, aquellos sabios que los dejaban asombrados sólo con su capacidades de palabra y convicción, apoyadas por supuesto por enormes conocimientos de cualquiera de las facetas de la vida. y la ciencia Y es que, aún seguimos igual. A los grandes cargos se les exige facilidad de palabra, dominio de las masas y capacidad de liderazgo. De igual manera ahí siguen los políticos, que al final y al cabo son los que dirigen el cotarro. Y es que aunque más de uno no sepa de qué habla (ojo, que no digo hablar) o repita siempre la misma cantinela, siempre aparecen un día sí y otro también el los telediarios, erosionando poco a poco las mentes del populacho, para el que por supuesto es mucho mejor no pensar -o eso pretenden ellos-. Mejor los griegos, dónde va a parar.
Por ello debemos cuidar el lenguaje. No hablo sólo de abreviaciones, tildes bien puestas o lenguaje coloquial. Eso es válido para determinadas circunstancias siempre y cuando tengamos claro lo que queremos decir, cómo queremos decirlo y cómo se dice.
Hablo de la capacidad de reflexión, de cohesionar ideas, de unir frases y conceptos, la capacidad de expresión. Que una persona nos entienda con una primera idea, que lo que queramos transmitir quede bien compacto y estructurado o que seamos capaces de transmitir un concepto de forma clara, son soluciones mucho mejores que cualquier abreviación y por supuesto, dicen mucho de nosotros como personas inteligentes.
Todos deberíamos escribir de vez en cuando cualquier cosa, algo que nos haga desarrollar nuestra habilidad redactora o la que es más importante, la pensadora. Porque una cabeza bien ordenada desarrolla ideas más elaboradas y brillantes, se comprende mejor a si misma, memoriza mejor los hechos y llega antes tanto a conclusiones como a "segmentos" perdidos, tal como un ordenador bien desfragmentado es capaz de hacer con sus datos.


















1 voces se dejaron oir. ¿A qué esperas? ¡Comenta!:
Quizás se trate de un trabajo en doble sentido. Por un lado el trabajo de la interpretación a partir de la lectura, y por otro la escritura como medio para establecer el pensamiento.
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