Un sábado cualquiera
sábado 10 de noviembre de 2007
Desayunar con zumo y tostadas siempre ayuda a empezar el día. Un sábado cualquiera que empezó con la maravillosa sensación de no madrugar, de dejar que el cuerpo actúe como despertador, de que los rayos de sol entren por la ventana ...
Tras un breve pero fructífero paso por el sofá (símbolo por excelencia del santo sexto día), es hora de ojear el periódico, visitar el teletexto o utilizar la red para informarse, cualquier método es válido. Y después de comprar el pan, tirar el papel y hacer la cama, es la hora de intentar semi-aprovechar una mañana que ya ve su ocaso. No nos engañemos, no vamos a hacer nada. Después de la comida llega otro rato aparentemente apacible. ¿Comenzar a aprovechar el tiempo? No hombre, hay que reposar. No vas a rendir tras una comida casera que se ocupa de arreglar en el estómago lo que la fiebre del viernes noche se encargó de enturbiar...
La siesta o la lectura son dos buenas opciones. Teniendo en cuenta que nos hemos levantado relativamente tarde y que, debido a nuestras estresantes obligaciones diarias, no tenemos ningún libro empezado, el "zapping" es la mejor opción. A quién se le ocurre: ¡vaya, tenis! (y además femenino Las horas pasan y tras creer que hemos estudiado toda la tarde (pese a no llevar más de 45 minutos) decidimos visitar de nuevo a la autoridad de la casa: el sofá.
Total si ya para la hora que es ... Además si es que dentro de nada...
- ... va a empezar una película buenísima. ¿A quién pretendes engañar? La película es regularcilla tirando a mala y la has visto 4 veces.
- ... echan el partido. Pero tío, ¡qué son las 20:30 y el partido es a las 22! ¿Tienes qué hacer el calentamiento verdad? Claro, lo supuse...
- ... he quedado con unos amigos y tengo que ducharme y tal. Vamos a ver campeón, si has quedado con unos amigos lo más que vas a hacer es darle una vuelta a la manzana hablando de vuestras cosas y como mucho tomaros un refresco en el sitio de siempre. ¿Hace falta de verdad que te pongas hecho un pincel?
El domingo se acerca, el finde se consume y la historia se repite una vez más. Si salimos esta noche hasta tarde, mañana evidentemente no vamos a madrugar. Pero si nos quedamos en casa... ¡tampoco! ¡mañana es domingo hombre, el día del Señor!
En fín, todo esto pasó en un lugar cualquiera, de una familia cualquiera, un sábado cualquiera de la eterna adolescencia.
En fín, todo esto pasó en un lugar cualquiera, de una familia cualquiera, un sábado cualquiera de la eterna adolescencia.


















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