Imaginación estival
martes, 7 de agosto de 2007
Parece que ha aliviado un poco el calor y este agosto se nos está haciendo aquí en la capital, un poco más fresco. No tanto como para salir a tomar el sol pero sí para disfrutar un poco de cosas a las que no estamos acostumbrados.
El otro día me apeteció releer una breve, pero no por ello mala, novela del gran Miguel de Cervantes. Ambientada en nuestra ciudad y con más de un punto de picardía, Rinconete y Cortadillo es una conocida obra picaresca donde se reflejan y cuentan las aventuras y desventuras de dos noveles pícaros que empiezan a aprender su "oficio" en la Sevilla de finales de siglo XVI.
A veces uno se imagina viviendo otras épocas, otros momentos y cómo sería todo: la ropa, las calles, las profesiones, el lenguaje... Personalmente el castellano antiguo y su uso en las obras literarias es algo que me llama la atención y me entretiene. Un idioma mucho más denso, más pesado y complejo, pero a la vez mucho más bello, elaborado y elegante que el castellano práctico y robotizado al que tendemos hoy en día. Y demos gracias, porque en nuestro idioma aún se conserva algo de aquella palabrería fina de los libros, ésa que en otras muchas lenguas es casi historia.
Como decíamos, puestos a imaginarnos en otra época hacerlo en numerosas ciudades españolas no es difícil, debido al patrimonio, historias y tradiciones que hemos aprendido y aún conservamos; hacerlo en Sevilla, histórica urbe por mil pueblos habitada y aún más veces renombrada, es poco menos que obligado.
¿Quién no se imagina paseando por lo medieval o llenándose de Renacimiento? Tendría que ser divertido de verdad cabalgar junto a San Fernando, ser retratado por Murillo o compartir café con Bécquer. Pero claro, no todo son historias de caballos invencibles y damas hermosas, la Inquisición o la hoguera son otros recuerdos que no siempre aparecen en los cuentos de nuestra cabecita.
De cualquier forma estoy seguro de que en Sevilla, hay cosas que nunca cambian. Por supuesto también hay otras que sí.
Supongo que la evasión es una forma de vida y probablemente la mejor forma de ocio y de viaje sin movernos de casa. Otra alternativa a los libros, a la escritura, a las videoconsolas o a las bicicletas.
Una eterna juventud afianzada en la (corta) experiencia y en los sueños de una tarde cualquiera, de un verano cualquiera, transportado a cualquier lugar bajo los pedales de la imaginación.
El otro día me apeteció releer una breve, pero no por ello mala, novela del gran Miguel de Cervantes. Ambientada en nuestra ciudad y con más de un punto de picardía, Rinconete y Cortadillo es una conocida obra picaresca donde se reflejan y cuentan las aventuras y desventuras de dos noveles pícaros que empiezan a aprender su "oficio" en la Sevilla de finales de siglo XVI.
A veces uno se imagina viviendo otras épocas, otros momentos y cómo sería todo: la ropa, las calles, las profesiones, el lenguaje... Personalmente el castellano antiguo y su uso en las obras literarias es algo que me llama la atención y me entretiene. Un idioma mucho más denso, más pesado y complejo, pero a la vez mucho más bello, elaborado y elegante que el castellano práctico y robotizado al que tendemos hoy en día. Y demos gracias, porque en nuestro idioma aún se conserva algo de aquella palabrería fina de los libros, ésa que en otras muchas lenguas es casi historia.
Como decíamos, puestos a imaginarnos en otra época hacerlo en numerosas ciudades españolas no es difícil, debido al patrimonio, historias y tradiciones que hemos aprendido y aún conservamos; hacerlo en Sevilla, histórica urbe por mil pueblos habitada y aún más veces renombrada, es poco menos que obligado.
¿Quién no se imagina paseando por lo medieval o llenándose de Renacimiento? Tendría que ser divertido de verdad cabalgar junto a San Fernando, ser retratado por Murillo o compartir café con Bécquer. Pero claro, no todo son historias de caballos invencibles y damas hermosas, la Inquisición o la hoguera son otros recuerdos que no siempre aparecen en los cuentos de nuestra cabecita.
De cualquier forma estoy seguro de que en Sevilla, hay cosas que nunca cambian. Por supuesto también hay otras que sí.
Supongo que la evasión es una forma de vida y probablemente la mejor forma de ocio y de viaje sin movernos de casa. Otra alternativa a los libros, a la escritura, a las videoconsolas o a las bicicletas.
Una eterna juventud afianzada en la (corta) experiencia y en los sueños de una tarde cualquiera, de un verano cualquiera, transportado a cualquier lugar bajo los pedales de la imaginación.

















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